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miércoles, 14 de mayo de 2014

Ascenso del Santo Ecce Homo en Popayán

Por: Yeldi Montilla/ Javier Ortega.

El pasado 1° de Mayo se realizó la tradicional procesión de ascenso de la imagen del Santo Ecce Homo desde la Iglesia de San Francisco al Templo de Belén 

El Ecce Homo de Popayán, dos figuras una misma fe.

Por: Diego Imbachí
Fotografía: Julián Varona

La conmemoración del día del trabajo en Popayán se realiza de manera inusual dado que en lugar de las tradicionales marchas sindicales y obreras, que deben realizarse un día antes, estas dan paso a la celebración del ascenso del patrono y custodio de la ciudad el Santo Ecce Homo a la Iglesia de Belén marcando así una de las tradiciones más arraigadas en la comunidad payanesa.

Fue alrededor del año 1680 cuando, proviniendo desde Quito, llegó a la ciudad de Popayán la escultura del Santo Ecce Homo la cual se encontraba en obra negra. Con el tiempo, el fervor religioso hizo de esta imagen digna de proclamación como patrona de la ciudad. Pero esa imagen no es la que actualmente suele salir en las procesiones del primero de Mayo en la ciudad, es una réplica encargada por el presidente Guillermo León Valencia en 1960 al escultor español José Lamiel dado que la figura original estaba sufriendo el deterioro ocasionado por el tiempo y por el gorgojo.

Desde un principio, las procesiones de ascenso del Ecce Homo eran acompañadas por hombres de diferentes condiciones sociales, apoyados en una tradición de siglos pero en los últimos años es cada vez más visible la compañía de las mujeres de todas las edades en este acto religioso. Esta característica es aludida por la proclamación del primero de mayo como el día de San José Obrero instituida por Pío XII el 1 de mayo de 1955, para que -como dijo el mismo Pío XII a los obreros reunidos aquel día en la Plaza de San Pedro - "el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias”.

Además, en Popayán la celebración del primero de mayo ha tenido connotaciones, además de religiosas, políticas desde los días del bipartidismo en Colombia. La pugna entre liberales y conservadores era tal que los primeros, luego de cargar la escultura del Ecce Homo, colocaban peso sobre la base de esta para que los azules no pudieran levantarla y así aludir que el patrono era liberal. (lea más sobre Amo liberal y el amo conservador)

Desde la proclamación del Santo Ecce Homo como patrono de la ciudad en 1788 este se ha convertido en el símbolo de miles de creyentes que ven representado en él la fe, protección y amparo de la Ciudad Blanca.

El 1° de mayo y la subida del Ecce Homo en Popayán

Por: Fabián Pasaje

Popayán es conocida ante el mundo como la ciudad religiosa del continente. No en vano merece e título de la “Jerusalén de América”. Desde siglos se conservan tradiciones y rituales de fe que la mantienen en el título.

El 1 de mayo es conocido en el mundo como el día internacional de los trabajadores. Mientras en varias ciudades del mundo son los obreros los que protestan por sus derechos y salen a las calles con pancartas y consignas a gritar al mundo lo que les corresponde, en Popayán son los mismos trabajadores los que, en una procesión, suben la imagen del Santo Ecce Homo al templo de Belén.

Es una devoción y tradición de los payaneses, pues el Ecce Homo es el patrono de la ciudad y se le atribuyen varios milagros y favores recibidos de la ciudadanía en general. Y esta tradición tiene siglos. Cuando lo donó Don Juan Antonio de Velasco y su esposa Doña Jerónima de Velasco a la capilla de Belén en 1680, empezó a formarse una cofradía alrededor de él. Fue una de las primeras imágenes que llegó a la ciudad y con el tiempo la feligresía payanesa le atribuyó milagros relacionados con el clima, guerras, terremotos, entre otros. Por eso se le nombró patrón de la ciudad.

Fue desde 1938 que los mismos trabajadores payaneses deciden hacerle un homenaje al obrerismo a través del desfile que año tras año se realiza en la ciudad, cada vez, con más fervorosos trabajadores y sus hijos, los cuales deben seguir la tradición. Regularmente en la festividad anual se celebran dos procesiones: la primera, inicia desde el Santuario de Belén hasta la Iglesia de San Francisco, donde popularmente alumbran las mujeres (anteriormente la procesión llegaba hasta la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Popayán). Ahí entonces se conmemora el Quincenario donde se le rinde homenajes, misas y otros actos de fe de sus devotos. La segunda procesión inicia en la Iglesia de San Francisco de la capital caucana antecedida por la fiesta de San José Obrero y se dirige hacia el Santuario de Belén, tradicionalmente alumbran los hombres.

La ciudad por tanto está encomendada al Santo Ecce Homo y sus trabajadores le atribuyen los milagros realizados en sus vidas, razón por la cual no protestan exigiendo sus derechos, sino que suben el Amo a Belén, para que sea Él quien los bendiga con otro año más de trabajo


Escuche también, al Vicario Episcopal hablando sobre la tradicional procesión del Ecce Homo en el "día del trabajo".


¡He aquí el hombre!

Por: Eliana Muñoz 
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Santo Ecce Homo de Popayán, listo para el recorrido en procesión hacia el Santuario de Belén, donde permanecerá hasta el siguiente año.

Cada primero de Mayo como un augurio para conseguir, permanecer o mejorar sus trabajos, los hombres de la ciudad de Popayán cumplen su cita para venerar la imagen del Santo Ecce Homo, llevándola en hombros por todo el sector histórico hasta su morada en lo alto del Santuario de Belén, donde a modo de protector y patrón se quedará cuidando a sus feligreses otro año más.

La profunda devoción religiosa de los hombres payaneses se evidencia el primero de mayo de cada año, cuando sin importar estratos, razas o distinciones, se congregan para venerar al “amito”, como cariñosamente le dicen a la imagen del Santo Ecce Homo.

El comercio gira alrededor del evento, las calles del centro de la ciudad están cerradas, y se vislumbran puestos improvisados de velas amarillas y grises de todos los tamaños y precios en cada esquina, ya que es costumbre alumbrar en la procesión, como una expresión simbólica de su fe.

Los hombres de mayor edad, llevan en sus manos el tradicional ‘achón’, que es un velón de gran tamaño, el cual es usado a modo de amuleto representativo del fervor religioso que se transmite de generación en generación.

Esta procesión es diferente a las que experimenta la ciudad en Semana Santa, dado que cuenta con un grupo específico de organizadores denominados “Junta Pro Culto al Santo Ecce Homo de Popayán”, quienes se encargan de la manutención de la imagen durante todo el año, al igual que organizan y seleccionan cuidadosamente a sus cargueros y demás personajes activos del recorrido.

Ciertamente, es una procesión que no hace distinciones sociales, pero en una ciudad conservadora como Popayán, estas distinciones se hacen evidentes sin necesidad de dividir por grupos a las personas.

Se ve por ejemplo, a varios conjuntos de familias, cada una con diferentes estilos de velas para alumbrar, que varían según sus recursos, al igual que la forma como se han vestido para la ocasión, así se evidencia entonces a ciertos hombres con traje formal sin importar el calor de la mañana, mientras que otros, quizás por la edad, visten jean y camiseta.

La procesión avanza, sin oraciones, sin risas, sin cánticos, las personas hablan en voz baja, para no incomodar a los demás. El calor no es un impedimento, pues es interpretado como una bendición en un clima variable como el de Popayán, además para algunos que asisten por primera vez, resulta admirable ver tal cantidad de hombres con velas encendidas unidos con un sólo fin: encomendar sus trabajos.

¡He aquí el hombre!, es lo que traduce el latín de Ecce Homo, pero pocos nativos payaneses lo saben, pues se han acostumbrado a pasar entero la trascendencia de las palabras, aquí no se cuestiona el porqué de cada acto, sencillamente se siguen órdenes y se vive feliz de esa manera, pues es bien conocido el dicho: ¿A dónde va Vicente?, a donde va la gente.

La imagen va precedida por bandas instrumentales de algunos colegios, que casi como un castigo tocan sin parar con ropa de paño hasta el cuello y el sudor penitente derramándose sobre sus cabezas. La larga caminata termina en lo alto del Santuario de Belén, las velas gastadas han dejado los restos alrededor del centro de la ciudad como un certificado de que la procesión fue un éxito y todos terminan con sus conciencias tranquilas esperando a que en el año, el “Amito” los acompañe en el trabajo.